CARLOS VICO

                                                                                    

Poema

  

Hela aquí, con sus brillos rutilantes

Con su terca sonrisa de nada, cristalina

Y el rostro cuajado de ventanas misteriosas...

 

(La máquina)

 

 

        Sentado bajo el arco del silencio está el vacío

Tan lleno de honduras que nada acercan a la piel

Pues cada muerte y sus noches esperan sin sonrisas

A la parca esperanza que se desgrana en signos

 

       He optado por el olvido

He cerrado la ventana a los rugidos

He cancelado el canto y las muecas frente al vidrio

He mutilado el cerco fronterizo de esta realidad

Que nada cambiará en nuestra precaria ilusión

 

      Vuelo

Y en este aletear muero, padezco y revivo

Pagando el óbolo correspondiente porque obviamente

Para todo hay un precio, según dicen

 

     Sé de la mentira auto-convocada

De su canto histérico, de su tormento anochecido

De su cotidianeidad alucinada por un batir descorazonado

Y por eso  pongo ladrillo sobre piedra y ladrillo

Cementado de claridades y tristezas envilecidas

Para no verte

Para sepultar las extrañezas

Para saber definitivamente que el cuerpo es un tambor

Que necesita de las manos para emitir su sangre

Para fluir como un sudor de carcajadas

Para morir en el abrazo desertor y caprichoso

 

    Cierro el ataúd de este tiempo sorpresivo

Con el desquicio en los labios

Y en la mortaja tu perfume será un estigma

Feto complaciente para las horas de remembranza...

 

 

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