Sentado bajo el arco
del silencio está el
vacío
Tan lleno de honduras
que nada acercan a la
piel
Pues cada muerte y sus
noches esperan sin
sonrisas
A la parca esperanza que
se desgrana en signos
He optado por el
olvido
He cerrado la ventana a
los rugidos
He cancelado el canto y
las muecas frente al
vidrio
He mutilado el cerco
fronterizo de esta
realidad
Que nada cambiará en
nuestra precaria ilusión
Vuelo
Y en este aletear muero,
padezco y revivo
Pagando el óbolo
correspondiente porque
obviamente
Para todo hay un precio,
según dicen
Sé de la mentira
auto-convocada
De su canto histérico,
de su tormento
anochecido
De su cotidianeidad
alucinada por un batir
descorazonado
Y por eso pongo
ladrillo sobre piedra y
ladrillo
Cementado de claridades
y tristezas envilecidas
Para no verte
Para sepultar las
extrañezas
Para saber
definitivamente que el
cuerpo es un tambor
Que necesita de las
manos para emitir su
sangre
Para fluir como un sudor
de carcajadas
Para morir en el abrazo
desertor y caprichoso
Cierro el ataúd de
este tiempo sorpresivo
Con el desquicio en los
labios
Y en la mortaja tu
perfume será un estigma
Feto complaciente para
las horas de
remembranza...