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DANIEL GOMEZ | |
| arboces@yahoo.com.ar | ||
| Mientras me castigas | ||
| Un lápiz de nácar dibuja tu cuerpo,
la espuma te ríe los dientes… mientras me castigas. Tus labios me bañan en sangre, los ojos lloran azules miradas… mientras me castigas. Como estrellas de vino brillan sus pezones escanciados. Quiero tu sabor desdeñoso, el espeso silencio entre las brasas de la noche. Tus cabellos lloviznan en los hombros, con sus curvas líneas de árabe oro. Y simpatizo con esa cruel carcajada; cuando en tus yemas arde mi piel, cuando el rosado fuego se eleva como una flor sembrada en el sol. Admiro, sí, sus ironías; la retorcida gramática de tus jadeos, los arañazos de la tinta en las cartas. Puedo amar que me castigues. Que me hagas tragar tus palabras cargadas de sal, el veneno en uñas de rojo cristal con que hieres mi desnudez, el sabor a mujer con que me miras. Entre el barro mezclado con la miel en que han ondulado tu carne, me castigas; y me gusta: Contigo no me quiero persona, tan sólo debo ser un hombre. | ||
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| Espinas en la piel | ||
| Huelen a mujer
las rosas desnudas al sol; son brindis de sus besos aquellas ebrias acequias de viñar. Sí, el sol cubrió su tez con bello, tierno escudo de bronce… y que acata mi tacto libido. Ah, sombras de mujer, en los reflejos del agua, en el reluz agallado del pez. Las viejas estatuas pálidas, allá en las grecas orillas de los pontos, tienen también sus sombras de blancas risas. Ofrendan al arte tu exacta carne fidiaca; el diseño ardiente de tus senos; tus ubérrimos labios, con que tallaste en sangre mi cuerpo. Ah, las manos felinas; ah, la tígrida mirada: Qué terror el olor a mujer, que desprenden las rosas abiertas: Belleza solar en la pulpa del polen, carne de oro vestida de fino pétalo. Ya tus manos, en arduos rayos recreadas, la cesan de la tierra; y cierras mis ojos sexuales con la flor; y cubres manos mías con sus espinas. Que desde la piel te otorgan las rojas gotas de las almas. | ||
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| Lo que el viento me dice | ||
| El viento entona sus poetas.
La copa de las lágrimas bebe poemas. Degusto los ojos del cielo; pupilas de estrellas palpando la soledad enorme de la luna. Hay poetas en cada verso; hay un verso que toda tinta espera; que toda sangre sabe, late, tiembla. Tristes están las nubes, que bañan de sombra mi sueño. Me duermo como los astros duermen: Austeras bellezas, sobrio estelado celestial. Rimas que ascienden a meditar, pensamientos de cosmología literaria; pues los océanos me escriben en la arena; llevan el agua azulada que los dioses pudieron haber amado. Quiero amar- comprender- este viento. Que sopla en las ruinas, en las musgosas cruces… En las matrices plenas que agregarán universos al universo… Todo átomo de tiempo se esconde en los relojes. Ah, las alturas; que han sollozado sus mares. Y Neptuno me inspira la pluma en las orillas; resopla y resopla desde allí, derrama poetas por todas las poesías. Quiero amarlo. Debo amarme; ya que ello, quizá, sea una creencia: Es amar el amor. Pues el viento, en las migajas de los relojes, en los cielos, acaso también me esté rezando. | ||