|
¿Por qué?
Hablas de amor,
amor;
con palabras que ignoras
si llegan a mi orilla;
con destellos que no sabes
si alguna vez veré.
Hablas de amor,
tal vez;
sin saber lo que es amar,
amor;
sin pensar que tus palabras
no son nada...
nada más.
Hablas de amor
—amor—,
y practicas mi final;
un simple adiós
a media voz,
por las palabras...
que no dirás.
Esta mañana
Esta mañana al despertar
y ver tu tierna sonrisa;
al sentir tus suaves caricias
y rozar tu piel hermosa.
Esta mañana,
supe que todas las lágrimas,
que todas las decepciones,
todos los llantos y golpes
valieron la pena, porque
esta mañana,
he descubierto que la felicidad,
la Felicidad —cariño mío—,
la felicidad es cada instante,
cada momento, junto a ti.
Esta mañana,
esta mañana... ¡ah! esta mañana.
¡Qué no habría hecho yo esta
mañana!,
Quise darte un abrazo infinito,
y fundirme contigo, esta mañana.
Esta mañana...
esta mañana no tendrá tarde,
ni nubes, ni noche, ni horas,
ni otra que se le parezca.
Esta mañana será siempre.
Soñarte
Cerré los ojos y te soñé,
no esperaba dormir,
—y mucho menos soñar—,
tan sólo cerré los ojos
y te soñé.
Ni siquiera era de noche
—dormitaba por hastío—,
cansado de sólo imaginarte,
harto de tu vacío,
recordando este futuro.
Llegué incluso a creer,
que así como yo a ti te soñaba,
me soñabas tú también...
que nuestros sueños tenían
lugar,
aunque sólo fuera entre tú y yo.
Habré soñado tantas veces
tu mirada, tu ternura y tus
abrazos,
tus palabras, tu cariño y tus
cabellos,
que si algún día llegaran a
faltarme,
no volvería a despertar.
Cerré los ojos y te soñé,
no esperaba dormir,
—y mucho menos soñar—,
tan sólo cerré los ojos
y te soñé.
Silencios
Escucho a oscuras los silencios
que has dejado,
tan fríos y azulados que se
antojan irreales.
Silencios que de noche parecen
desiguales,
silencios alejados, como ecos
del pasado.
Escucho a solas los compases que
hoy no tocas,
parecen tristes olas, que añoran
sus luceros.
Noche-nueva oscura, de
semblantes insinceros,
quebrantas mi cordura y los
sueños desenfocas.
Escucho en la noche tus matices
inaudibles,
redobles que son broche de
mágicas canciones;
sonidos de antaño, hoy regresan
impasibles.
Escucho en mis recuerdos rogarte
mil perdones,
y respondes sin palabras,
palabras terribles,
palabras que no saben que tú
eres todas mis razones.
Ausencias
Cuando tú no estás,
el aire no se mueve
y solamente pienso
en cuándo volverás.
Cuando tú no estás,
el tiempo se detiene
y lo único que siento
es no poderte abrazar.
Cuando tú no estás,
un vacío lo llena todo,
y mi único deseo es
quererte un poco más.
Cuando tú no estás,
yo tampoco estoy;
nada hay, nadie está
cuando tú no estás.
Miradas
Te miro y no te veo,
y me oyes, pero no.
Me quieres y te quiero,
pero verte... eso no.
Nos vemos sin mirarnos,
perdidos a lo lejos.
Gritamos sin saber,
si hablamos a la vez.
Me miras y no me ves,
y te oigo, pero no.
Te quiero y me quieres,
pero verme... eso no.
Quiéreme, alma mía,
que sin ti muero cada día;
tu mirada son mis ojos,
y tus palabras... la vida.
Tú
Instantes después de treinta
años de
vacío, treinta años de espera,
treinta
áños a cual más convencido de
que
no podías ser sólo un sueño...
Iluminas hoy cada rincón de mi
vida,
gris y oscura, fría e inmóvil.
Sin ti
nada sería igual; nada sería lo
que
ahora es... como si no hubiera
Sol,
como una vida sin recuerdos,
infinitas horas de nada, y nada
que
olvidar. Que suerte que estés
tú.
Ocaña
Verdes laderas de Sierra Morena
guardáis secreto en la memoria,
de la más triste y bella
historia
que se ha cantado a la Macarena.
Placer y amor,
dulzura y luz,
calor y vida;
¡Libertad!
Cuando agitas mi voluntad
y comprometes mi destino,
no es pecado, es mi camino
lo que rompes sin piedad.
Lo que yo doy
tú me lo ofreces,
lo que tú das
me vuelve loco.
Tu sudor resbala a media luz
entre las sombras de mi ventana,
que el Sol penetra esta mañana
en tu furor de bravo andaluz.
Todo tu amor
y toda mi fuerza;
tu mayor hombría
y mi mejor ternura.
En tu pintura prende mi pasión,
mientras tu alma enciende mi
deseo,
y él mismo quema cuanto poseo:
mi Libertad, que arde en tu
corazón.
Lluch
“La palabra lo puede todo”
—nos decías a menudo—,
“La palabra todo lo puede”,
algo que incluso al miedo
asusta.
Lo sabías padre,
y no hiciste caso alguno;
ya lo ves amigo,
existen personas tan
equivocadas...
Hoy las cuatro barras
han perdido su estrella,
esta noche...
la oscuridad es más pesada.
¿Quién ha sido el cobarde
que nos ha roto el corazón?
Vuelve pronto compañero,
profesor y catalán;
tu ausencia nos duele.
Soldado de la palabra,
niño de cincuenta años,
no imaginas cómo te echamos de
menos.
Hoy
Hoy he sabido que ya es mañana.
Siempre supe que algún día sería
hoy,
pero me negaba a saber tal cosa,
como si cada día empezara un
nuevo ayer.
Ahora sé lo que ya sabía:
ellos —los otros—, tenían razón.
Mas, ¿cómo podía ser verdad?
¡si hoy es como ayer!
Diecinueve noches, veinte días,
diez minutos, quince horas.
Y en sólo diez segundos...
qué más dá: ya es mañana.
Hoy he sabido que iba a escribir
esto,
lo había pensado antes —no de
veras, claro—,
pero es verdad:
mañana, no habrá Sol.
Lejos
Cierra los ojos... sigo aquí:
en mitad de la magia del azul,
en el lugar dónde nace la luz,
más allá del Mediterráneo...
sigo aquí.
Cierro los ojos y aún te veo:
despegas mar adentro, pero no te
vás,
volverás com las olas, como
golondrinas,
como el ave negra del campo
amarillo... sigues aquí.
Abre los ojos, txikitxu...
sigo aquí:
lejos de nuestros pequeños
países,
lejos de todas partes, lejos,
muy lejos de ti,
más allá del rojo de poniente...
sigo aquí.
Abro los ojos y aquí estás:
estas en el verde del bosque y
en el azul del cielo,
eres como un espejismo y como
una estrella,
aquí sigues... y ya te echo de
men
|