|
El cumbia
Y fue así como conocimos a
el-cumbia. Un tipo alegre a pesar de los golpes.
Un tipo con el que te daban ganas
de estar.
Siempre quise ser como él.
Recuerdo esa vez que fuimos a
comprar al mercado central, que entre balbuceos nos hizo
saber de su conocimiento sobre la gastronomía francesa.
¡Qué alegría nos dio!
Agarró un queso gruyere del tamaño
de un fiat seiscientos y le hundió el cuchillo con una
calidad espectacular, el tipo del negocio lo dejó cortar
sin chistar, mirándolo con admiración y desenfreno. Se
le notaban los ojos saliditos de la emoción. Estaban
como rojos mirando el milagro.
Yo me emocioné sin entender mucho.
Yo no sabía mucho de cortar quesos, pero sabía de cosas
importantes, y ésta era una cosa importante. Se podía
saber porque las cosas importantes transmiten una
energía especial. Es como cuando uno ve jugar a la
pelota a Maradona. Uno por más que no sepa nada de
fútbol se da cuenta de que es algo importante. Supongo
que por eso Maradona se hizo famoso en tantos países,
porque la gente de esos países, como por ejemplo
Timbuctú, que no entiende ni jota de lo que puede ser
una gambeta, una pared, un globito, que lo único que
tiene de preocupación es que si el mono se escapó o no
de la jaula a donde lo metieron, se dieron cuenta de que
Maradona era algo especial, que era un genio, porque lo
vieron en la tele, o en la radio, o en los diarios, o a
donde fuera, la verdad que no sé que medio de
comunicación es más conocido e Timbuctú, capaz que ni
hay, pero lo que sí estoy seguro es que si uno va a
comprar un mono a una tienda de monos de Timbuctú, y el
vendedor le pregunta a uno de qué país es, porque se da
cuenta de que nuestro acento no es yanqui ni alemán,
(que son los países de la gente que más viaja, ¿o acaso
usted nunca se cruzó con un alemán en un aeropuerto?, sí
ya sé, los japoneses también viajan mucho, pero para que
nos confundan con un japonés, tendríamos que ser
descendientes de al menos, coreanos, o bien el tipo que
atiende en Timbuctú ser un pedazo de idiota, que tampoco
es muy difícil), y uno le responde con cara de boludo: "je,
de argentina", quizás el tipo ni sabe que carajo es
argentina, pero si uno dice: "je, de argentina, Maradona,
Maradona", el tipo va a decir casi con la misma cara de
boludo, "je, Maradona, Maradona", y todo esto porque
Maradona es más importante que un país entero, y no
porque sea un gran tipo, ni haya descubierto un carajo,
porque en realidad no hizo una mierda, pero sí porque
Maradona es alguien especial, es alguien que tiene ese
puto don de que traspasa la realidad y hace que la gente
se emocione, incluso sin saber de fútbol.
Esto mismo es lo que pasaba con el
cumbia y el queso, yo veía allá arriba, arrodillado en
el queso, con el cuchillo haciendo fuerza como queriendo
hacer palanca, haciendo un movimiento parecido a esa
gente que quiere sacar agua de un pozo pero con las
bombas manuales, esas que están en la propaganda de care
international, una institución que vaya a saber de quien
es, quizás sea de bush, u otro yanqui, bueno, haciendo
fuerza de esa manera, y pedacitos
de queso gruyere cayendo al piso, y al dueño no le
importa, ni siquiera ve que está cayendo queso al piso,
porque es mucho más importante ver al tipo que está allá
arriba, quizás no lo pueda ver nunca más, quizás la vida
tuvo significado sólo por esto, podría contarle a sus
hijos, y a sus nietos, capaz que el tipo ese que está
subido allá arriba del queso, después se haga famoso, y
salga en la tele, y después nadie le crea que estuvo
cortando queso en su negocio de la calle Las Heras, o
quizás le pueda pedir una manito después, dentro de unos
años, porque todos sabemos que las fiambrerías no tienen
mucho futuro, por culpa de los supermercados que cada
vez son más, y en esa época, que haya comenzado a sufrir
de la pobreza y encima la mujer le empiece a hinchar la
pelotas de porqué no trae más comida a la casa, de
porqué no le alcanza la plata para poder comprarse ni
siquiera unos zapatos y empiece a mirar con cariño a
otros hombres, porque ella siempre fue igual, siempre le
gustaron los tipos con plata, que tuvieran auto, ella
siempre se excitó por el hecho de que el tipo tuviera
guita y la tuviera como una reina, siempre soñó con
hacer el amor en una cama con sábanas de seda y no le
importaba ser una amante más porque con él acababa como
con ninguno y tenía los mejores orgasmos de su vida, y
encima la trataban como una reina, que carajo le iba a
importar que tuviera otras como ella, eso era un
problema a resolver luego, si total estaba todo bien, y
todo esto pensaba aquel fiambrero, y pensaba que si se
hacía amigo ahora de este tipo especial, al menos si le
regalaba el pedazo de queso, o al menos si le cobraba
más barato en el caso de que el queso fuera muy costoso
y no se pudiera dar el lujo de regalárselo, el tipo
éste, que por ahora no sabía ni cómo se llamaba, pero se
preocuparía en preguntárselo apenas se bajara del queso,
este tipo que algún momento sería muy famoso, le podría
dar una mano, en lo económico por supuesto, en un
futuro, que por ahora no sabemos si sería cercano o
lejano, todo dependería de los supermercados y sus
gerentes.
Con atención miraba a el-cumbia que
ya se disponía a bajar, y les puedo decir, que este
momento duró más tiempo que los demás, este momento tuvo
una duración especial. Cada uno de los que estaba allí
presente miró con atención los movimientos del cumbia de
cómo ponía cada mano y cada pie en su lugar, yo me
preguntaba si hubiera sido yo, no se me hubiera ocurrido
bajar de esa manera, seguro que hubiera dicho unos
chistes en la mitad del camino para darme más tiempo
para pensar paso por paso, para poder calcular que era
lo más conveniente, pero el cumbia NO. Se movía como una
seda, cada paso que daba era simplemente perfecto y yo
me seguía preguntando de cómo carajo podía moverse tan
bien, de cómo podía bajar tan rápido y encima mirando
para cualquier lado, y que seguro que estaba pensando en
cualquier cosa, y entonces me preguntaba de que quizás
este era el truco, dejarse llevar por las situaciones,
ni siquiera pensar en querer hacer bien las cosas,
porque quizás el cerebro o capaz que el destino, trabaja
mejor si uno no pone la atención en la acción realizada,
y algo de esto debe de haber de cierto, porque recuerden
todos, o por lo menos a mí me ha pasado, que he estado
por ejemplo, practicando algo, alguna destreza física, y
me empieza a salir cuando ya la puedo hacer de manera
automática, y que después cuando se la quiero mostrar a
alguna persona, las primeras veces uno se concentra
tanto en querer hacerla bien que siempre se equivoca. Y
seguramente algo de esto hay, no creo que sea tan
simple, porque si no, podríamos hacer todo sin pensar y
saldría perfecto. Necesita una práctica o en este caso,
de un talento especial, que se potencia indudablemente,
quise poner a prueba esto, y le iba a gritar al cumbia,
"¡fíjate bien cómo bajas!", así lo hacía pensar, y
quizás se equivocaba, pero la verdad, que estuve a punto
de hacerlo, pero cuando lo iba a gritar, me dio una
vergüenza increíble, me parecía como un descaro terrible
gritarle algo así al cumbia, si todos sabían muy bien
que nunca podría caerse. Así que miré y sonreí, como
todos los demás.
Pagamos el queso, que nos salió
bastante barato, o por lo menos eso me pareció,
comparando con otras veces que había comprado queso
gruyere.
Hay momentos en la vida que parecen
como predestinados a ocurrir, como si estuviéramos en
una película, como si fueran hechos que tarde o temprano
ocurrirían, para ver nuestra reacción, cómo si fuera
verdad lo de las pruebas en la vida y todas esas cosas
religiosas.
Cuando íbamos saliendo, se nos
apareció una viejecita y nos dijo si la podíamos ayudar.
Todos sentimos esta sensación a la que me refiero, una
especie de sueño en vigilia, una especie de sensación de
estar en un cuento.
- Por favor, jóvenes, ¿me pueden
ayudar con las bolsas?
El cumbia respondió que sí,
resueltamente, descaradamente, indudablemente. Ni lo
había pensado, es más, diría que sabía un poco de toda
esta situación, de alguna manera yo intuía una especie
de complicidad entre la anciana y el cumbia.
Tuve cierta desconfianza del
cumbia. Tanta resolución, tanto descaro en la vida.
Tanto éxito, sí, esa es la palabra, éxito. Me daba
cierto asquete, y también me daba un poco de miedo.
Sería verdad todo este actuar tan
de pelo suelto, tan de Wellapon. Sería posible que una
persona sea exitosa. O se deberá pagar alguna vez en la
vida todas las cosas para que seamos todos parejos.
Me pareció que así debía ser lo más
justo, pero muy bien sabemos que esto no es así jamás.
La vieja no me miraba. Sólo tenía
ojos para el cumbia, y sólo por necesidad me dirigía la
palabra. No me pareció algo extraño, ni tampoco me
ofendió demasiado. Era como algo común la situación.
¿Por qué entonces era así la situación?, por qué si el
cumbia era más petiso, más feo, más bruto, más grosero,
más menos que yo, ¿por qué era más que yo?. ¿Era más que
yo? ¿O me lo había hecho creer la gente?. ¿No me lo
habrían hecho creer a propósito?, ¿no sería todo una
farsa en mi contra? ¿No sería todo para que por fin me
resignara, que por fin no luchara y me matara?
Pero cómo puta iba a saber toda la
gente de mi debilidad, de que podían matarme si querían,
de todo esto, por qué la gente sabría todo, ¿qué?,
¿acaso era yo una persona importante?, ¿alguien que le
podía meter el dedo en el culo a alguien famoso?,
¿alguien quizá poderoso que habría olvidado todo a causa
de un accidente?, ¿o peor aún: un accidente provocado?.
- Doble por acá m'hijo. Allá en la
casa de las rejas déjeme las bolsas.
El cumbia se apoyó despacio en la
pared y soltó las bolsas. Yo hice lo mismo.
La vieja fue entrando las bolsas de
a una. Iba y venía desde la cocina hasta la puerta.
Ese momento fue una obligación.
Miré de reojo por la ventana y fue
justo cuando la vi.
Una hermosa muchacha.
Me pareció:
Especial.
Fue extraño, pero la primera
sensación que tuve fue de miedo. Sí. Miedo a que la
viera el cumbia, miedo a que la viera como yo la había
visto, miedo a que se interesara por ella. Y ahí ya
habría cagado, no existía la competencia frente al
cumbia.
Traté de disimular. Miré para otro
lado y hablé de cualquier tema. Quería que nos fuéramos
ya. De cualquier momento a otro se iba a producir la
catástrofe. Pero de alguna manera supe que debía sufrir
un poco más.
Y así fue. El cumbia dijo: - vamo,
boludo, ¿qué te pasa?, vamo, vamo.
Nos fuimos. Estaba un poco alegre y
un poco preocupado. En esos momentos, odié al cumbia. Lo
quería mucho, pero también lo odiaba. Pobre, él no tenía
nada de culpa, es más, ni siquiera conocía aquella niña
hermosa, pero yo presentía que lo peor estaba por venir.
No traten jamás de hacer pensar a
el-cumbia. El tipo simplemente no entiende.
Estuve como una hora tratando de
que programe la video.
No hubo caso. Apretaba los botones,
le mostraba, le decía los colores de las teclas, le
decía que ese botón no servía, es para cambiar los
canales, no, es para el volumen, cómo vas a subir y
bajar el volumen mientras estás grabando, es al pedo,
mirá, escuchame boludo, qué, ahora te haces el fino,
dale, mirá boludo, con este botón ponés la hora, con
este, no, con ese.
Salimos como disparados por la
ventana.
El pavimento tenía un olor un poco
desagradable, no se bien, si era por la lluvia, o por la
bosta de los caballos, hay que tener coraje para poder
oler la bosta de los caballos. El olor llega desde la
otra cuadra hasta mi habitación, es fuertísimo, mi vieja
no lo aguanta, tampoco es para tanto, es sólo bosta de
caballo dicen las viejas, pero bueno , con la modernidad
y todas estas cosas uno se hace mas maricón y no
aguanta que un caballo este ventilando el culo por ahí.
El cumbia ni lo sentía al olor,
parece. O se hacía, si este culiado, para mí que se
hace, no es posible que siempre sea perfecto, no le jode
nada, se ríe de todo, él siempre está feliz. Digo yo,
quién puta está feliz todo el puto tiempo: nadie. Eso ya
lo sabemos todos, y los que se hacen los optimistas son
más mediocres aún, me dan pena, me dan lástima que
necesiten llamar la atención de esta manera. Y bueno,
cada loco con su tema, mientras estén bien lejos ¿no?
Pero el cumbia no estaba lejos, y
realmente me dio bronca que se hiciera el canchero, el
"a mi no me jode para nada", y bueno, loco, yo no tengo
la culpa de que seas tan bueno, flaco, y le pregunté, -
¿no te jode para nada el semejante olor a mierda que hay
en el ambiente?.
- No. - me respondió muy resuelto,
el tarado.
- Bueno, debe ser que estás
acostumbrado... - dije, con bronca.
Al cumbia le dolió esto. Puso cara
como de nada, pero pude ver un brillito en los ojos. Ya
lo habrían despreciado antes, y realmente le había
dolido, le había dolido porque siempre lo jodían por ser
negro, por la madre media puta, por el padre,
alcohólico, por su casita de barro y chapas, por la
lluvia que les mojaba todo, les quemó el tele una vez y
la mamá como lloraba, papá la fajó, no sé porque la fajó
si mamá no había hecho nada, que nos cuidara más a
nosotros y no andes más por ahí putarraqueando, qué?, ¿querés
coger?, porque no cogés conmigo, puta, que no te pones
forro, que estás borracho, que mierda querés, que me
tome un café para coger con vos, puta de mierda, mirá
ahora llovió y vos recién venís de la calle vaya a saber
con quien estarías cogiendo y tus pendejos solos acá y
el televisor hecho mierda, qué, te crees que lo vamos a
comprar de vuelta, sorete, imbécil, lo único que hago es
laburar como un infeliz todos los putos días y vos me
quemás el televisor pelotuda, puta, puta, puta...
El cumbia estuvo callado por un
rato. Se habría puesto triste o algo así.
Nos juntamos, como todos los
sábados, a afilar los cuchillos. Esta vez estaban
afilados. Tomé uno por la parte que más se cuelga, y me
di cuenta de que me había cortado.
No sería problema.
Las sangres se derramaban y la
primera proposición de curación me llegó desde el
vientre. El estómago se retorcía. Podía claramente,
sentir cómo las paredes internas se tocaban. Nunca he
sentido las pelusas del interior del estómago.
Hijo de puta. Hijo de puta.
Fui llevado al hospital.
El cumbia no estaba.
Los médicos me dieron anestesia.
Y por supuesto, la gozosa
servidumbre del enfermero, que se preocupa en que cague,
en que mee, en que escupa. Anda bien era la pregunta más
frecuente.
El cumbia apareció.
El tipo no se preocupaba en lo más
mínimo de la situación. Me dijo hola, me dijo cómo
andás, pero no me preguntó cómo andas, no me preguntó
hola.
La perfección de la redacción se
encuentra oculta.
No preguntó, por lo tanto, yo le
pregunté.
Y el tipo parece que andaba feliz
por algo, che. Me di cuenta al toque de que andaba
contento por algo, andaba buscando alguien para contarle
lo bueno de ser así, lo bueno de haber sido tan bueno,
de haber descubierto algo más para ser más. La mayoría
de las veces me sorprendía, pero esta vez no me
sorprendió demasiado.
Yo ya sabía que era lo que me iba a
decir.
Sabía que me iba a decir que estaba
contento. Sabía que sus ojos iban a brillar. Sabía que
iba saber lo que diría. Sabía que me iba a contar que
mientras estuve en el hospital se había enamorado. Sabía
que me iba a decir que esto era algo diferente. Sabía
que iba a decir que nunca le había pasado algo igual.
Sabía que iba a decir que no lo iba creer. Sabía que iba
a nombrar a la vieja puta de las bolsas. Sabía que la
reconchuda de la vieja se lo había encontrado. Sabía que
iba a decir que encima la mina ni lo había visto. Sabía
que iba a decir que la mina era un ángel. Sabía que se
la quería culiar. Sabía que no sentiría jamás lo que yo
sentiría algún tiempo después por la misma muchacha.
Sabía que se la iba a culiar. Sabía que iba a sufrir.
Sabian Puta.
Y sí, lo supe desde siempre. Sabía
que iba a terminar matando al cumbia.
 |