LUCIANO QUERO

                                                            Mendoza, Argentina

www.geocities.com/cuentoz

Cuento
 

 

  

El cumbia

Y fue así como conocimos a el-cumbia. Un tipo alegre a pesar de los golpes.

Un tipo con el que te daban ganas de estar.

Siempre quise ser como él.

Recuerdo esa vez que fuimos a comprar al mercado central, que entre balbuceos nos hizo saber de su conocimiento sobre la gastronomía francesa.

¡Qué alegría nos dio!

Agarró un queso gruyere del tamaño de un fiat seiscientos  y le hundió el cuchillo con una calidad espectacular, el tipo del negocio lo dejó cortar sin chistar, mirándolo con admiración y desenfreno. Se le notaban los ojos saliditos de la emoción. Estaban como rojos mirando el milagro.

Yo me emocioné sin entender mucho. Yo no sabía mucho de cortar quesos, pero sabía de cosas importantes, y ésta era una cosa importante. Se podía saber porque las cosas importantes transmiten una energía especial. Es como cuando uno ve jugar a la pelota a Maradona. Uno por más que no sepa nada de fútbol se da cuenta de que es algo importante. Supongo que por eso Maradona se hizo famoso en tantos países, porque la gente de esos países, como por ejemplo Timbuctú, que no entiende ni jota de lo que puede  ser una gambeta, una pared, un globito, que lo único que tiene de preocupación es que si el mono se escapó o no de la jaula a donde lo metieron, se dieron cuenta de que Maradona era algo especial, que era un genio, porque lo vieron en la tele, o en la radio, o en los diarios, o a donde fuera, la verdad que no sé que medio de comunicación es más conocido e Timbuctú, capaz que ni hay, pero lo que sí estoy seguro es que si uno va a comprar un mono a una tienda de monos de Timbuctú, y el vendedor le pregunta a uno de qué país es, porque se da cuenta de que nuestro acento no es yanqui ni alemán, (que son los países de la gente que más viaja, ¿o acaso usted nunca se cruzó con un alemán en un aeropuerto?, sí ya sé, los japoneses también viajan mucho, pero para que nos confundan con un japonés, tendríamos que ser descendientes de al menos, coreanos, o bien el tipo que atiende en Timbuctú ser un pedazo de idiota, que tampoco es muy difícil), y uno le responde con cara de boludo: "je, de argentina", quizás el tipo ni sabe que carajo es argentina, pero si uno dice: "je, de argentina, Maradona, Maradona", el tipo va a decir casi con la misma cara de boludo, "je, Maradona, Maradona", y todo esto porque Maradona es más importante que un país entero, y no porque sea un gran tipo, ni haya descubierto un carajo, porque en realidad no hizo una mierda, pero sí porque Maradona es alguien especial, es alguien que tiene ese puto don de que traspasa la realidad y hace que la gente se emocione, incluso sin saber de fútbol.

Esto mismo es lo que pasaba con el cumbia y el queso, yo veía allá arriba, arrodillado en el queso, con el cuchillo haciendo fuerza como queriendo hacer palanca, haciendo un movimiento parecido a esa gente que quiere sacar agua de un pozo pero con las bombas manuales, esas que están en la propaganda de care international, una institución que vaya a saber de quien es, quizás sea de bush, u otro yanqui, bueno, haciendo fuerza de esa manera, y pedacitos de queso gruyere cayendo al piso, y al dueño no le importa, ni siquiera ve que está cayendo queso al piso, porque es mucho más importante ver al tipo que está allá arriba, quizás no lo pueda ver nunca más, quizás la vida tuvo significado sólo por esto, podría contarle a sus hijos, y a sus nietos, capaz que el tipo ese que está subido allá arriba del queso, después se haga famoso, y salga en la tele, y después nadie le crea que estuvo cortando queso en su negocio de la calle Las Heras, o quizás le pueda pedir una manito después, dentro de unos años, porque todos sabemos que las fiambrerías no tienen mucho futuro, por culpa de los supermercados que cada vez son más, y en esa época, que haya comenzado a sufrir de la pobreza y encima la mujer le empiece a hinchar la pelotas de porqué no trae más comida a la casa, de porqué no le alcanza la plata para poder comprarse ni siquiera unos zapatos y empiece a mirar con cariño a otros hombres, porque ella siempre fue igual, siempre le gustaron los tipos con plata, que tuvieran auto, ella siempre se excitó por el hecho de que el tipo tuviera guita y la tuviera como una reina, siempre soñó con hacer el amor en una cama con sábanas de seda y no le importaba ser una amante más porque con él acababa como con ninguno y tenía los mejores orgasmos de su vida, y encima la trataban como una reina, que carajo le iba a importar que tuviera otras como ella, eso era un problema a resolver luego, si total estaba todo bien, y todo esto pensaba aquel fiambrero, y pensaba que si se hacía amigo ahora de este tipo especial, al menos si le regalaba el pedazo de queso, o al menos si le cobraba más barato en el caso de que el queso fuera muy costoso y no se pudiera dar el lujo de regalárselo, el tipo éste, que por ahora no sabía ni cómo se llamaba, pero se preocuparía en preguntárselo apenas se bajara del queso, este tipo que algún momento sería muy famoso, le podría dar una mano, en lo económico por supuesto, en un futuro, que por ahora no sabemos si sería cercano o lejano, todo dependería de los supermercados y sus gerentes.

Con atención miraba a el-cumbia que ya se disponía a bajar, y les puedo decir, que este momento duró más tiempo que los demás, este momento tuvo una duración especial. Cada uno de los que estaba allí presente miró con atención los movimientos del cumbia de cómo ponía cada mano y cada pie en su lugar, yo me preguntaba si hubiera sido yo, no se me hubiera ocurrido bajar de esa manera, seguro que hubiera dicho unos chistes en la mitad del camino para darme más tiempo para pensar paso por paso, para poder calcular que era lo más conveniente, pero el cumbia NO. Se movía como una seda, cada paso que daba era simplemente perfecto y yo me seguía preguntando de cómo carajo podía moverse tan bien, de cómo podía bajar tan rápido y encima mirando para cualquier lado, y que seguro que estaba pensando en cualquier cosa, y entonces me preguntaba de que quizás este era el truco, dejarse llevar por las situaciones, ni siquiera pensar en querer hacer bien las cosas, porque quizás el cerebro o capaz que el destino, trabaja mejor si uno no pone la atención en la acción realizada, y algo de esto debe de haber de cierto, porque recuerden todos, o por lo menos a mí me ha pasado, que he estado por ejemplo, practicando algo, alguna destreza física, y me empieza a salir cuando ya la puedo hacer de manera automática, y que después cuando se la quiero mostrar a alguna persona, las primeras veces uno se concentra tanto en querer hacerla bien que siempre se equivoca. Y seguramente algo de esto hay, no creo que sea tan simple, porque si no, podríamos hacer todo sin pensar y saldría perfecto. Necesita una práctica o en este caso, de un talento especial, que se potencia indudablemente, quise poner a prueba esto, y le iba a gritar al cumbia, "¡fíjate bien cómo bajas!", así lo hacía pensar, y quizás se equivocaba, pero la verdad, que estuve a punto de hacerlo, pero cuando lo iba a gritar, me dio una vergüenza increíble, me parecía como un descaro terrible gritarle algo así al cumbia, si todos sabían muy bien que nunca podría caerse. Así que miré y sonreí, como todos los demás.

Pagamos el queso, que nos salió bastante barato, o por lo menos eso me pareció, comparando con otras veces que había comprado queso gruyere.

Hay momentos en la vida que parecen como predestinados a ocurrir, como si estuviéramos en una película, como si fueran hechos que tarde o temprano ocurrirían, para ver nuestra reacción, cómo si fuera verdad lo de las pruebas en la vida y todas esas cosas religiosas.

Cuando íbamos saliendo, se nos apareció una viejecita y nos dijo si la podíamos ayudar. Todos sentimos esta sensación a la que me refiero, una especie de sueño en vigilia, una especie de sensación de estar en un cuento.

- Por favor, jóvenes, ¿me pueden ayudar con las bolsas?

El cumbia respondió que sí, resueltamente, descaradamente, indudablemente. Ni lo había pensado, es más, diría que sabía un poco de toda esta situación, de alguna manera yo intuía una especie de complicidad entre la anciana y el cumbia.

Tuve cierta desconfianza del cumbia. Tanta resolución, tanto descaro en la vida. Tanto éxito, sí, esa es la palabra, éxito. Me daba cierto asquete, y también me daba un poco de miedo.

Sería verdad todo este actuar tan de pelo suelto, tan de Wellapon. Sería posible que una persona sea exitosa. O se deberá pagar alguna vez en la vida todas las cosas para que seamos todos parejos.

Me pareció que así debía ser lo más justo, pero muy bien sabemos que esto no es así jamás.

La vieja no me miraba. Sólo tenía ojos para el cumbia, y sólo por necesidad me dirigía la palabra. No me pareció algo extraño, ni tampoco me ofendió demasiado. Era como algo común la situación. ¿Por qué entonces era así la situación?, por qué si el cumbia era más petiso, más feo, más bruto, más grosero, más menos que yo, ¿por qué era más que yo?. ¿Era más que yo? ¿O me lo había hecho creer la gente?. ¿No me lo habrían hecho creer a propósito?, ¿no sería todo una farsa en mi contra? ¿No sería todo para que por fin me resignara, que por fin no luchara y me matara?

Pero cómo puta iba a saber toda la gente de mi debilidad, de que podían matarme si querían, de todo esto, por qué la gente sabría todo, ¿qué?, ¿acaso era yo una persona importante?, ¿alguien que le podía meter el dedo en el culo a alguien famoso?, ¿alguien quizá poderoso que habría olvidado todo a causa de un accidente?, ¿o peor aún: un accidente provocado?.

 - Doble por acá m'hijo. Allá en la casa de las rejas déjeme las bolsas.

El cumbia se apoyó despacio en la pared y soltó las bolsas. Yo hice lo mismo.

La vieja fue entrando las bolsas de a una. Iba y venía desde la cocina hasta la puerta.

Ese momento fue una obligación.

Miré de reojo por la ventana y fue justo cuando la vi.

Una hermosa muchacha.

Me pareció:

Especial.

Fue extraño, pero la primera sensación que tuve fue de miedo. Sí. Miedo a que la viera el cumbia, miedo a que la viera como yo la había visto, miedo a que se interesara por ella. Y ahí ya habría cagado, no existía la competencia frente al cumbia.

Traté de disimular. Miré para otro lado y hablé de cualquier tema. Quería que nos fuéramos ya. De cualquier momento a otro se iba a producir la catástrofe. Pero de alguna manera supe que debía sufrir un poco más.

Y así fue. El cumbia dijo: - vamo, boludo, ¿qué te pasa?, vamo, vamo.

Nos fuimos. Estaba un poco alegre y un poco preocupado. En esos momentos, odié al cumbia. Lo quería mucho, pero también lo odiaba. Pobre, él no tenía nada de culpa, es más, ni siquiera conocía aquella niña hermosa, pero yo presentía que lo peor estaba por venir.

No traten jamás de hacer pensar a el-cumbia. El tipo simplemente no entiende.

Estuve como una hora tratando de que programe la video.

No hubo caso. Apretaba los botones, le mostraba, le decía los colores de las teclas, le decía que ese botón no servía, es para cambiar los canales, no, es para el volumen, cómo vas a subir y bajar el volumen mientras estás grabando, es al pedo, mirá, escuchame boludo, qué, ahora te haces el fino, dale, mirá boludo, con este botón ponés la hora, con este, no, con ese.

Salimos como disparados por la ventana.

El pavimento tenía un olor un poco desagradable, no se bien, si era por la lluvia, o por la bosta de los caballos, hay que tener coraje para poder oler la bosta de los caballos. El olor llega desde la otra cuadra hasta mi habitación, es fuertísimo, mi vieja no lo aguanta, tampoco es para tanto, es sólo bosta de caballo dicen las viejas, pero bueno , con la modernidad y todas estas cosas uno se hace mas maricón  y no aguanta que un caballo este ventilando el culo por ahí.

El cumbia ni lo sentía al olor, parece. O se hacía, si este culiado, para mí que se hace, no es posible que siempre sea perfecto, no le jode nada, se ríe de todo, él siempre está feliz. Digo yo, quién puta está feliz todo el puto tiempo: nadie. Eso ya lo sabemos todos, y los que se hacen los optimistas son más mediocres aún, me dan pena, me dan lástima que necesiten llamar la atención de esta manera. Y bueno, cada loco con su tema, mientras estén bien lejos ¿no?

Pero el cumbia no estaba lejos, y realmente me dio bronca que se hiciera el canchero, el "a mi no me jode para nada", y bueno, loco, yo no tengo la culpa de que seas tan bueno, flaco, y le pregunté, - ¿no te jode para nada el semejante olor a mierda que hay en el ambiente?.

- No. - me respondió muy resuelto, el tarado.

- Bueno, debe ser que estás acostumbrado... - dije, con bronca.

Al cumbia le dolió esto. Puso cara como de nada, pero pude ver un brillito en los ojos. Ya lo habrían despreciado antes, y realmente le había dolido, le había dolido porque siempre lo jodían por ser negro, por la madre media puta, por el padre, alcohólico, por su casita de barro y chapas, por la lluvia que les mojaba todo, les quemó el tele una vez y la mamá como lloraba, papá la fajó, no sé porque la fajó si mamá no había hecho nada, que nos cuidara más a nosotros y no andes más por ahí putarraqueando, qué?, ¿querés coger?, porque no cogés conmigo, puta, que no te pones forro, que estás borracho, que mierda querés, que me tome un café para coger con vos, puta de mierda, mirá ahora llovió y vos recién venís de la calle vaya a saber con quien estarías cogiendo y tus pendejos solos acá y el televisor hecho mierda, qué, te crees que lo vamos a comprar de vuelta, sorete, imbécil, lo único que hago es laburar como un infeliz todos los putos días y vos me quemás el televisor pelotuda, puta, puta, puta...

El cumbia estuvo callado por un rato. Se habría puesto triste o algo así.

Nos juntamos, como todos los sábados, a afilar los cuchillos. Esta vez estaban afilados. Tomé uno por la parte que más se cuelga, y me di cuenta de que me había cortado.

No sería problema.

Las sangres se derramaban y la primera proposición de curación me llegó desde el vientre. El estómago se retorcía. Podía claramente, sentir cómo las paredes internas se tocaban. Nunca he sentido las pelusas del interior del estómago.

Hijo de puta. Hijo de puta.

Fui llevado al hospital.

El cumbia no estaba.

Los médicos me dieron anestesia.

Y por supuesto, la gozosa servidumbre del enfermero, que se preocupa en que cague, en que mee, en que escupa. Anda bien era la pregunta más frecuente.

El cumbia apareció.

El tipo no se preocupaba en lo más mínimo de la situación. Me dijo hola, me dijo cómo andás, pero no me preguntó cómo andas, no me preguntó hola.

La perfección de la redacción se encuentra oculta.

No preguntó, por lo tanto, yo le pregunté.

Y el tipo parece que andaba feliz por algo, che. Me di cuenta al toque de que andaba contento por algo, andaba buscando alguien para contarle lo bueno de ser así, lo bueno de haber sido tan bueno, de haber descubierto algo más para ser más. La mayoría de las veces me sorprendía, pero esta vez no me sorprendió demasiado.

Yo ya sabía que era lo que me iba a decir.

Sabía que me iba a decir que estaba contento. Sabía que sus ojos iban a brillar. Sabía que iba saber lo que diría. Sabía que me iba a contar que mientras estuve en el hospital se había enamorado. Sabía que me iba a decir que esto era algo diferente. Sabía que iba a decir que nunca le había pasado algo igual. Sabía que iba a decir que no lo iba creer. Sabía que iba a nombrar a la vieja puta de las bolsas. Sabía que la reconchuda de la vieja se lo había encontrado. Sabía que iba a decir que encima la mina ni lo había visto. Sabía que iba a decir que la mina era un ángel. Sabía que se la quería culiar. Sabía que no sentiría jamás lo que yo sentiría algún tiempo después por la misma muchacha. Sabía que se la iba a culiar. Sabía que iba a sufrir. Sabian Puta.

Y sí, lo supe desde siempre. Sabía que iba a terminar matando al cumbia.

 

biblioteca virtual Brisa