MARIA EUGENIA CASEIRO

                                                                                      M. E. Buhowriter

Poemas

 

 
 

  Bailarina

 

 

 

Clave de fuego

                          relámpago

enciende estrellas al paso

golpea el rostro vainilla

con las alas de los brazos

 

con los ojos sin sosiego

con los pechos de azufre

bajo capas de canela

con los tacones de anís estrellado

pica los diamantes soñolientos y lánguidos

en el cielo soberbio del salto

 

pulpa de caimito

dobla el torso,

                         estalla

en la fragua del cuerpo

líquido rojo del manto

en que grita el fleco electrizado

en el metal de la barbilla

en las conchas de las manos

en el ruedo de la sombra

media luna que soñada

sobre el pie del mango deseado

 

la bailarina

es tan blanda y flexible como la gloria.

 

                             

 

Piccolo II

 

Vestida en la mudez

los pies descalzos

ligera en el andar

de alegres brazos

te vuelvo a despertar

de piel y labios.

 

 

Me niego

 

He estado a punto

de emblanquecer como los ángeles

cuando el labio con que soplo el talco de los días

borraba la esfera del reloj

cuerpo de pájaros que aún me late.

 

He estado a punto de salir volando

en el ala lenta de las hojas

que espera una mano sin nombre

llenando crucigramas en la inercia,

sin profanar la mansedumbre

retenida en la blandura de la espalda.

 

Un rumor de secretos detrás de cada puerta

me lleva por las calles

sobre pies de plegarias

con zapatos de viento conmovido

apagando los pequeños incendios de la tarde…

 

pero yo me niego

me niego a ser un ángel.

 

 

     Deseo

 

    Dormir…

        la casa está tan lejos

        las tejas

        acumuladas de retina

        resbalan bajo el sol de siempre

        las ventanas

        abiertas al espacio

        arden en la piel de los espejos.

 

    Dormir…

        el sueño es tan incierto

        las puertas

        del sueño solitario

        conocen estas manos

        que sostienen silencios.

 

 

     El profeta

 

    El profeta ajado en el olvido de otros siglos

    despierta en el tumulto de su madrugada

    estruja pañuelos y silencios

    abre los cajones de papeles amarillos

    viaja insomne hacia la isla de su nacimiento

    en el año doce del séptimo día

    en un mes marchito a principios de luna.

 

    Hay pájaros de bruma en sus verdades

    una mujer rosada le regala una sonrisa

    escala la ciudad con ella en su bolsillo

    observa la vida en el flanco sin paredes

    el camino es un osario de pagodas

    las puertas del amor se abren al desprecio.

 

    El animal sagrado que habita en su plegaria

    ora en los silencios de tantos ojos cerrados

    descendido a la tristeza de los muertos

    el verbo le recuerda el espíritu herido

    ¡qué solo está el deseo sin su propia tierra!

 

 

  Me iré de todas formas

 

    Me iré en el primer tren rompiendo el día

    hasta el amor sin fin de la distancia.

    Nadie quiere ser nube o torbellino

    polea sin razones moviendo ruedas pesadas

 

    Al cajón desempolvado van los que se quedan por un año

    los otros vestidos con el hambre de la muerte

    que dios tranquilamente los resigne

    a saber que no regresan al calor de las heridas

    entre los versos que respiran vagamente

    desde las primeras liturgias de la sangre.

 

    Revisaba infolios en el viento perdidos

    no pude avanzar pradera adentro

    con el registro dormido bajo el brazo

    recoger los insectos del paisaje

    arrebatar de ira en los silencios

    mientras el cuerpo encallaba en carne viva

    el ataúd de la verdad equivocada.

 

    No obstante avanzar es la primicia

    hasta del asesino que acaba sin misterio

    bebiendo el agua de la sed hasta la prisa.

 

    Me iré de todas formas

    tranquila en la partida.

 

 

 

  Para empezar



Me arranco la voz

desde los pozos de entonces

renuncio al dolor

de los besos que me amaban

amarro el latido del eco que te nombra

y despego el molde coagulado

de mi sombra niña en la ventana.




  Del tiempo aquel



Recorto pedazos de paisaje

en el tiempo preciso

para darles

esa emoción del ave

de alegre corola que aleteaba

perdida en el tronco de aquel árbol

cuajado de majaguas

este juego de volver…



Y la serena compostura

de esos pájaros de ayer

posados en el agua

perfectas criaturas

que soñaron

sus vuelos de hoy

en la temprana

luz que los aroma

cautivos del tiempo aquel.



   Canción de arena V



La penumbra de los vestidos viejos

roza el mármol de la luna abandonada

sobre el juego impreciso

en la escalera

un trago de luz descubre el cielo

en que desfilan corceles macilentos

por las arenas que cantan



Noches de arenas tan negras

arena negra que canta

los caminos de la noche

llevan sus aguas en andas



El pecado impreciso en la ventana

tiene los ojos de fuego

la noche con sus caballos

se precipita

en los caminos de muerte

que nombran sus reflejos



Noches de arenas tan negras

arena negra que canta

los caminos de la noche

llevan sus aguas en andas



Esa visión de agua negra

que pide sus violetas claras

cuando los pájaros duermen

se mete en el silencio del espejo

en el gualda

de las hojas del nogal que se secaban



Noches de arenas tan negras

arena negra que canta

los caminos de la noche

llevan sus aguas en andas



Ni la fuente solitaria sin abrazo

ni el cuchillo de unos ojos que miraban

han logrado detener las herraduras

de esta gran bestia estrellada.

 

 

DEDICADO A LAS VICTIMAS DE SEPTIEMBRE 4 EN UNA ESCUELA EN RUSIA

 

Hoy no importa el azul

 

Hoy he visto negro en las cornisas agrietadas de ojos parpadeantes;

lánguida esencia de la lluvia crecida en los cuerpos inocentes.

Hoy no importa el azul

para llevar el luto en el forraje calcinado que arena el corazón;

y el salto,

siempre ese salto de la vida a la muerte que nadie espera

brutal,

que arranca de cuajo la sonrisa y la lanza sobre la humedad de esos ojos

ojos hambrientos que guardan las persecuciones de las rosas,

con los brazos cortados,

cuando todos los tejados y las casas,

y los vientos,

se apresuran a gemir su coro de dolores hechos a la imagen del polvo.

 

Ahora, llevo en mis hombros el peso de esos ojos sin amaneceres.

 

 

  …del cabello

 

al final de la lluvia

la luna riega sus semillas

y el cabello crece

abundante

hasta cubrir

el paisaje de la espalda

 

 

 

 

 

  El pan

 

El pan que nace

el pan en el horno de los dioses

el pan en los pechos de las vírgenes

el pan en el hombro de los estibadores

                          el pan

                                  siempre el pan

que amarillea pasajes grises

jornadas estriadas

vientos policromos

mecidos en espigas bajo el sol

quebradas de silencios

redimidas de ilusión en la gramínea

que espera por la lluvia

regando de alquitrán

la piel ajada del campo

 

Cierto es el pan

pan de toda certidumbre

noble armazón de energías

amasándose en la inercia  

de los dedos sin sortijas

donde crecen las montañas

en el axioma perfecto

 

La ronda del pan

cuerno

que rompe

sofismas

porfiado

sobre el hambre

                           salta

en interminables boquetes

de resquicios

de inclemencias

 

Acorazado de féculas

                         gigantesca

levadura de sudor y tiempo

                         hojaldrada

con el agua sempiterna

encima de las mañanas

hasta el aroma clavada

en el ojo de la aguja

por donde el hombre se escama

y se devuelve a la tierra

                                   desnudo

alquimia de alumbramiento.

 

 

 

  Ejercicios Matutinos

     I

Descanso en la memoria

el constante escarceo de mis olas

me ajusto, barca en el espacio

a la medida exacta de mi tiempo

se que soy maderamen y mástil

que soporta vientos y mareas

que puedo encontrarme en el deseo

empujada por el mar y la resaca

mantengo el gobernalle proa a la playa

donde puedo simplemente abandonarme

a morir como deseo.

 

     II

Siento el deseo irremediable

de morir en una arteria de la noche

arrastrada por torrentes y linajes

hasta el origen mismo de mi sangre

hasta encontrar el ligamento embrionario

la semilla de mi cuerpo en el silencio

y renacer diluida en el semen

de la promesa de un camino nuevo.

 

     III

Bebo la porción de día

que me espera en el doblez

de cada hora

aguardo el final de una sentencia

mientras cumplo

mis sanciones sin demora

para acortar el tiempo, la distancia

que me separan de las ilusiones

afrontando cada paso

sin temores

los que me acercan

al umbral de la constancia

 

 

   Bonjour

 

Gira la mañana en cuatro esquinas

de soleada concurrencia

los abejorros pululan

acicalados y ambarinos

a cobijarse en el alero de las marquesinas

 por las que aún resbala la última gota de rocío

 

arquetípicos patricios

sapos, perros, gatos y vecinos

estallan en el júbilo

del hombre que reparte noticias de papel

 

los colores de las casas

se filtran por la punta de cualquier nariz

como el café

lucido y oloroso

con ese aroma de quinceañera

que da vueltas, coquetea

con el viejo del balcón, y finalmente

lo deja con la boca seca, detrás del periódico

 

la taza de leche calentica

atrapa paladares confiados y floridos

cremas y azúcares devoradas

en la panadería, el merengue

se escapa por tubos

hasta la garganta empedrada

que no se cansa de tragar

diarios bocados.

 

 

  Duda

 

Transita un pez alegre y solitario

que enjabona la duda de mi arteria

coletea sonriente sobre el agua

se escabulle sagaz

entre palmera y playa

y luego se marcha indiferente

al dejarme con la misma duda

pero ahora más blanca

 

 

  Sin prisa

 

 

Cabalgo en la noche atravesando nieblas

delineando mi  centauro mientras olvido

que el mar me sigue a todas partes

!el mar!  con sus designios y sus crespos

 

En la arena que ha quedado atrás

yacen surcos cavados por las olas

sueños madreporarios y vientos

 

Jinete sin prisa me escabullo

en las frondas proclives, vulnerables

en las coyunturas de la vastedad

que reciben grupas y pezuñas herradas

 

Abro solapas y pliegues, penetro

el agujero de mi propia voz y me encuentro

sentada frente a la mesa

mitad mujer, mitad centella

 

a mis pies el mar es un registro

en que se debaten huellas impresas

mis ojos, muy abiertos, leen

las historias de mi tiempo

salvando anillos de interminables silencios.

  

 

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